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HISTORIA DEL ANTIGUO HORNO DE USO PÚBLICO DE PARAUTA

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HISTORIA DEL ANTIGUO HORNO DE USO PÚBLICO DE PARAUTA

En el casco urbano de Parauta aún se mantienen las ruinas de un antiguo horno que los vecinos usaban antaño para cocer el pan, es el conocido como “horno de la plaza”, que está situado a la entrada de la calle Altillo, a escasos metros del arco morisco. Hace mucho tiempo existía otro horno en el Barrio Bajo, cerca de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, que los vecinos denominaban como “el de la familia de Pascualito”.
En cuanto al horno de la plaza, Blas Becerra, vecino de Parauta, ha explicado que las personas que estaban interesadas en hacer pan un día concreto se lo decían por la mañana temprano a la hornera, que iba preparando todo y calentando el horno con aulaga, leña de olivo y madera de castaño. A medida que realizaba este proceso y hasta que el horno estuviese a la temperatura adecuada, la encargada se desplazaba varias veces hasta la zona donde se ubica el colegio para, voceando, decir a quienes iban a hacer el pan: “¡poned el agua!”, y los vecinos inmediatamente ponían agua a calentar. Al rato volvía al mismo punto para gritar: “¡a recentar!”, indicación que servía para que se empezasen a mezclar los ingredientes de la masa. Al poco tiempo decía: “¡a amasar!”, y las personas hacían lo propio, tras lo que tapaban la masa con unas telas para que la levadura hiciera correctamente su función.
Cuando ya el horno estaba a la temperatura ideal y limpio de cenizas ya sólo quedaba que la hornera voceara: “¡al horno!”, momento en que todos los vecinos, con su tabla cargada encima de la cabeza, se desplazaban hasta la calle Altillo para cocer el pan. Tras el tiempo de cocción necesario, la encargada del horno volvía junto al colegio para hacer saber que el pan ya estaba listo. El pago por el uso de la tahona se hacía habitualmente mediante una pieza de pan que cada usuario entregaba a la hornera.
El horno de la plaza ha estado funcionando hasta principios de la década de los 60 del pasado siglo, aunque cabe destacar que los ancianos de la época siempre coincidían en que debajo del suelo de este horno debía haber otro de menores dimensiones que podría llegar a tener alrededor de 250 años. Blas Becerra ha expresado su deseo de que esta hipótesis sea investigada por personal especializado tras pedir los permisos correspondientes.